El amor lo puede todo. Una relación a distancia

La esperanza existe. El amor vence en esta relación a distancia. A Adriana y a Florent no les importó no hablar el mismo idioma, no vivir en el mismo país, para amarse, para unirse y para avanzar de la mano.

Tengo que reconocer que al leer su historia de amor contada por cada uno de ellos he dejado caer más de una y de dos lágrimas. La suya es una historia de esas que demuestran que el amor es la fuerza más fuerte que existe. Que el amor todo lo puede. Que una relación a distancia es posible cuando se juntan las ganas con dos corazones aventureros.

Esperad a leer cómo le pidió Flo la mano a Adri, y decidme si no se os han caído las lágrimas… Me hace mucha ilusión poder compartir con todos vosotros algo tan bonito como esto.

Éste es también un post que teníamos muchas ganas de publicar porque en él paticipó la bonita Marina de Amsloveinvideo. Es una absoluta artista y un gran descubrimiento, también es uno de esos regalos que nos está dando la experiencia de Lovers Love Loving y que no dejaremos de agradecer. Conocer a grandes profesionales en la isla que son también la gente más divertida y bonita.

La peluquería y maquillaje, por supuesto, son de nuestra bella Jessie.

El viento fue el protagonista de la celebración de el amor de esta pareja. Las olas nos salpicaban incluso estando sobre el acantilado. Creó una atmósfera de intensidad y pasión que me alucina. Ah! Y “La Flower”!! que no me olvide… la increíble auto-caravana de Marina. Lo teníamos todo.

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Todo empezó hace ocho años con el ansiado momento, ir a la universidad, salir del nido, ir a estudiar fuera y vivir nuevas experiencias. Vitoria-Gasteiz no era la ciudad que imaginaba para vivir esos años. Quería ir a Salamanca pero al final mi rumbo cogió dirección norte y allí me fui a estudiar. Con el tiempo una comprende que el destino es sabio y, que además de un montón de amigos y experiencias inolvidables, en Vitoria me esperaba una persona muy especial que se convertiría en el amor de mi vida. Un chico francés llamado Flo, que sería mi vecino en la residencia universitaria donde vivíamos, y para quien estar allí en ese momento era también bastante inesperado.

¡Os voy a contar nuestra historia de amor! Y ésta empieza con mi viaje de estudios a España.

Universidad de Deportes Angers, un día de clase habitual, junto a mis amigos, poco atentos a lo que dice la profesora, cuando de pronto, recibo un codazo de mi amigo que me dice “Flo, ¿has oído? ultimas plazas para el Erasmus, te apuntas conmigo?” Yo Le contesté: “¿yo? ¡Si soy malísimo en idiomas!”

Me convenció para apuntarme y así acabamos en Vitoria-Gasteiz. Seis meses después, mi amigo y yo viajamos hasta esta ciudad para vivir durante medio año en la ciudad en la que encontraría al amor de mi vida. ¡Y no tardé mucho en verla!

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Todas mis amigas hablaban de los franceses que habían venido de erasmus y yo, poco fan de todo lo que es muy popular, no les presté mucha atención. Todavía recuerdo el día que le conocí, solo sabíamos decir un par de palabras en el mismo idioma… quizás fue ese sentimiento, innato en mi, de enseñar y guiar lo que desde el principio me fue acercando a él, y a sus ganas de descubrir y de integrarse en otra cultura. El resto de estudiantes de erasmus hablaban siempre, y sólo, entre ellos; él en cambio no se separaba de nosotros. Tras pocas semanas ya sabía decir alguna frase en vasco, tarareaba canciones de Camarón y me hacía reír mucho. Pasábamos largos ratos enseñándonos el uno al otro nuestros respectivos idiomas con un pequeño diccionario. Pero la verdad es que, cuando aparece la magia, lo de menos es entenderse… el amor tiene su propio lenguaje.

Nos instalamos en una residencia de estudiantes y recuerdo una tarde mirando por la ventana, (os parecerá “cursi”), verla hablando por teléfono en la calle y pensar: es ella! Me encanta, es exactamente el tipo de chica que me gusta, morena, pelo rizado, piel dorada, pequeña… a los pocos días me di cuenta de que era vecina vecina mía en la residencia, así que podría ser más fácil. Aún nos quedaba una barrera importante,¡el idioma! ¡Yo no hablaba ni una palabra de español! El primer encuentro fue en un bar con unos amigos, nos juntamos todos y allí confirmé que era ella, que me encantaba, su sonrisa, sus ojos, sus gestos, todo…¡lo tenia todo! Después de un mes mi español iba mejorando, aunque aún no me separaba de mi mini diccionario, el que pasaría horas y horas a nuestro lado en nuestras conversaciones diarias. Un día quedamos unos pocos amigos para ver una película… ¡y ahí estaba ella! Yo no entendía nada, hasta que ella se acercó y comenzó a traducirme al oído todos los diálogos. Nuestros pies, descalzos, compartían silla… roce, por algo se empieza ¿verdad?.

Me di cuenta de que también le gustaba y de que podía intentar dar el salto. Un día, en un cumpleaños, me enseñó que se ha quemado un dedo con un cigarillo, por suerte tenia una crema para quemaduras, una mirada de ojos y un beso que durará una eternidad!

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Los meses pasaron volando y a Flo se le acababa su Erasmus, tenía que volver a Francia a acabar su carrera. Recuerdo ver como se alejaba en su Volskwagen Polo con lágrimas en los ojos, con el CD que le había grabado para el viaje sonando con todas nuestras canciones de Muchachito. Yo me quedé tranquila porque, en el fondo, mi intuición me decía que pronto nuestros caminos se cruzarían de nuevo y que, ni siquiera los 800km de distancia y una frontera, lo podrían impedir. Ese momento llegó enseguida, mis padres me regalaron un viaje en tren a París, y ahí nos encontramos en abril. Gracias a ese billete nuestra historia continúa.

El Erasmus se acababa, estábamos juntos, felices,… pero tenía que volver a Francia para acabar la licenciatura. La separación fue difícil, pero teníamos la esperanza de continuar. ¡A pesar de la distancia! En Navidad había conocido a sus padres, (y les había caído muy bien… ¡menos mal!), ellos fueron los que hicieron el regalo a Adriana que permitió dar un paso más allá en nuestra relación; unos billetes a París.

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Después de esos días en París bajo la lluvia, paseando con nuestro paraguas naranja, ya no había obstáculos para nosotros. Enseguida llegó el verano, Flo acabó su carrera, yo acabé mi primer curso y vino a Burgos conmigo. No tardamos en coger el coche y recorrer medio país. Fuimos a Cadiz, Calpe, Fuerteventura…
Ya estaba enamorado de mi, y yo lo estaba de él, pero aún necesitaba que se enamorara de mi país y de su gente para que se quedara. Porque yo, con 18 añitos y tres años de carrera por delante… tenía que quedarme en Vitoria si, o si.

Nos reencontramos en París, durante tres dias de lluvia… ¡salimos con un paraguas naranja en todas las fotos! Recorrimos la ciudad del amor y, allí, nos dimos cuenta de que nuestra relación no podía acabar. Volví a la universidad y decidí sacarme el título de socorrismo para poder pasar el verano en su tierra. Encontré trabajo en una piscina en Burgos, pero no duro mas que 15 días, teníamos muchas ganas de viajar… Primero fuimos a ver mis padres, que estaban de vacaciones en Calpe, les quería presentar a la novia Española de la que siempre hablaba… ¡por sorpresa! Llegamos por la noche, ellos iban a irse a dormir pero ¡SORPRESA! no dudaron en abrazarla y en sacar sangria para celebrar. Después fuimos a Cadiz con unas amigas suyas, fueron 15 días increíbles también; ¡y acabamos en Fuerteventura con sus padres! Vamos, que no paramos; ¡y fue todo increíble!

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¡Y lo conseguimos! llegó septiembre y, con él, el verano se acabó. Nunca olvidaré el momento en que escuche: “Solete! No me puedo ir, me quedo aquí contigo.”

Flo dejó atrás su país y todos sus planes para embarcarse conmigo en esta aventura. Nuestra historia ha viajado por medio mundo. Empezó en Vitoria, cruzó el océano hasta Valparaiso – Chile, volvió a burgos y hace ya casi 4 años cogió un avión hacia Ibiza; esta isla maravillosa a la que ahora llamamos hogar y que nos unirá para siempre el próximo 18 de junio.

Un día, en Fuerteventura, me llamaron de Lyon, un prestigioso master al que me había apuntado sin tener ninguna esperanza me había seleccionado. Era una decisión importante, podía quedarme en España, buscar trabajo y estar cerca de ella, o seguir estudiando y alejarme de ella… Primera opción, por supuesto. Año y medio más tarde Adri me dijo que ella también quería irse de Erasmus, así que volví a dejarlo todo por ella para pasar su último año de universidad en Valparaíso – Chile. Al volver ya nada nos ataba a Vitoria así que nos instalamos en su Burgos natal. Ella empezó a trabajar en una escuela y yo volví a Decathlon. Solo seis meses después me enviaron a Ibiza de encargado, y esta vez fue ella la que lo dejó todo para venir juntos a esta maravillosa isla en la que ya llevamos cuatro años compartiendo deportes, amigos, viajes…

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El pasado mes de septiembre preparamos nuestras mochilas para ir a dar la vuelta a Menorca, ¡Corriendo! Flo me había regalado por mi cumpleaños la inscripción a la prueba “Cami de Cavalls”.  Nos esperaba un gran reto juntos, casi 90km en tres días por la preciosa costa menorquina, estaba siendo un fin de semana inolvidable, con muchas emociones y 200 personas con las que compartíamos caídas y muchas risas y anécdotas de la carrera. Quién me iba a decir a mi que el último día,  ansiando ver la meta, se convertiría en uno de los días más importantes de mi vida.

Quedaban pocos metros para pasar la esperada linea juntos, el presentador de la carrera, y toda la gente, nos daba la bienvenida, nos paramos, chocamos las manos por haber conseguido nuestro reto y entonces Flo me dijo: ”Bicho, espera un momento”, sacó un calcetín con una cajita roja dentro… se arrodilló y, ambos estábamos con los ojos llenos de lágrimas, no podíamos articular palabra. Yo le dije ” claro que si” y nos unimos en un beso que duró para siempre.

Han sido 8 años en los que hemos crecido y aprendido juntos, hemos hecho y deshecho mil planes y cambiado de rumbo unas cuantas veces, pero siempre de la mano,  hemos descubierto que la felicidad está en las pequeñas cosas y que juntos todo es posible. Seguimos soñando cada día y haciendo que todo se haga realidad.

Así que después de ocho años de felicidad a su lado decidí dar el paso, y ¿qué mejor que hacerlo con algo que nos une? en deporte. Nos apuntamos a una carrera de tres días por la montaña en Menorca; 30km diarios durante tres días. Llevé el anillo en un calcetín todo el camino esperando el momento idóneo. ¡Y ese fue el final de la carrera junto a la linea de meta! Durante tres días solo pensé en las frases que iba a decir, pero en el momento clave hinqué la rodilla… y nudo en la garganta, en el estómago, en todos lados, no me salió ni una palabra, solo una lágrima; hasta que ella saltó y dijo “¡Claro que si!” Nunca le he llegado a decir las palabras exactas: “Quieres casarte conmigo”,  pero aquí estamos, con los preparativos para el tan esperado día, el que nos unirá para siempre.

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